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Consentimiento válido, mucho más que decir “si”.

  • 25 jun
  • 5 min de lectura

Según indica la abogada Paula Camila Hernández el consentimiento, como un concepto amplio y complejo, debe ser entendido más allá de una simple respuesta afirmativa, atendiendo al conjunto de reacciones expresadas a la hora de consentir una relación íntima.

Paula Camila Hernández Triana


Hablar de consentimiento en la sexualidad, es en esencia, hablar de nuestra propia libertad, sin embargo para que este diálogo sea genuino, es importante reconocer cómo diferentes estructuras sociales, tejidas a lo largo de la historia han dejado legados que replican dinámicas, estas mismas que han enseñado a las mujeres a ceder, a priorizar la complacencia ajena y a dudar de la validez de sus propios límites.


Durante décadas, los estereotipos han alimentado una narrativa peligrosa en la que un "no" se interpreta como una invitación al juego, lo cual lleva a invalidar la  autonomía del otrx, esto permea la  expresión libre del consentimiento, y lo lleva a convertirlo en un territorio atravesado por las relaciones de poder. Esta distorsión cala en lo profundo, ya que muchas veces la diferencia de edad, el rol de dominio, o el miedo a incomodar,  entre otras dinámicas, puede llegar a determinar y trazar una decisión, que no nace desde una libertad real. También se suma una herida silenciosa, esta misma que nos ha enseñado a desconectarnos de nuestras propias señales, ignorando nuestras propias sensaciones, dejando de lado  nuestros cuerpos, unos cuerpos incómodos, que simplemente ya no quieren estar ahí.


Es por ello que reducir el consentimiento a un “si”, nos obliga a replantear su esencia, pues una respuesta afirmativa no siempre es reflejo de deseo, libertad o seguridad. En Colombia, la edad legal para consentir relaciones sexuales se fija en los 14 años, sin embargo, es importante reconocer que no todo “sí” constituye un consentimiento válido, debemos entender que el consentimiento puede ser frágil y estar condicionado por el entorno. Esta realidad no es ajena a las mujeres adultas, ya que se puede observar cómo el miedo a incomodar o la presión del "deber" social dificultan la expresión de los propios límites, es por ello que es importante, reclamar la capacidad de detenerse en cualquier momento, es reclamar el derecho a habitar un cuerpo que nos pertenece solo a nosotras.


Hablar de consentimiento implica comprenderlo como un concepto que trasciende a una simple respuesta afirmativa, pues supone una manifestación libre, consciente y autónoma de la voluntad. Significa reconocerlo como un ejercicio de libertad, autonomía y respeto mutuo, basado en un acuerdo claro, informado y voluntario entre las personas involucradas. Tal como lo señala el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), para que el consentimiento sea válido debe ser libre, específico, entusiasta y, sobre todo, reversible. Esto significa que puede retirarse en cualquier momento, sin necesidad de justificaciones. Una aceptación inicial no constituye una autorización permanente ni una obligación de continuar; el consentimiento es un proceso vivo que requiere la presencia constante de la voluntad y el deseo de todas las personas involucradas. 


Desde un marco normativo el Estado Colombiano en su código penal, ha establecido que cualquier acto sexual con una persona menor de 14 años constituye un delito, independientemente de que la víctima haya expresado algún tipo de consentimiento, esto es importante ya que se basa en un principio de protección, el cual  reconoce que  niños y niñas no tienen la capacidad plena para decidir libremente sobre su sexualidad frente a personas adultas. Incluso superando los 14 años, la voluntad puede verse eclipsada por diferentes factores que afectan directamente, la igualdad, la dependencia emocional o económica, la manipulación y la presión psicológica, las cuales actúan como velos que distorsionan el deseo. Cuando a este escenario se suma el consumo de sustancias o la incapacidad de comprender la situación, el consentimiento deja de ser un acto de autonomía para convertirse en una voluntad viciada, anulada por un contexto que impide una elección genuina.


Uno de los aportes más relevantes de los enfoques contemporáneos en educación sexual y prevención de las violencias es comprender que el consentimiento trasciende la expresión verbal, el cuerpo habla, comunica deseo, incomodidad, duda o rechazo.  Algunas investigaciones han demostrado que las personas lo pueden expresar a través de señales verbales y no verbales, como gestos, posturas, expresiones faciales o cambios en el comportamiento, es importante entender también que, estas manifestaciones no pueden analizarse de manera aislada del contexto social en el que ocurren. 


La antropóloga feminista Rita Segato ha advertido que la violencia sexual no puede entenderse únicamente desde el deseo, sino desde las relaciones de poder y dominación que atraviesan nuestras sociedades, esta mirada nos ayuda a comprender al consentimiento no solamente desde una respuesta verbal, sino también desde las condiciones sociales, culturales y relacionales en las que esa respuesta se produce. Por ello, resulta fundamental analizar los contextos de poder, las desigualdades de género, las diferencias de edad, la autoridad, la dependencia emocional y aquellas presiones sociales que pueden llegar a limitar la libertad de decisión de mujeres y adolescentes, afectando su capacidad de expresar de manera auténtica sus deseos y límites. 


Desde esta perspectiva, escuchar el cuerpo también es una forma de reconocer la autonomía, observando a profundidad cuando una persona se muestra incómoda, se paraliza, se distancia o deja de participar activamente en una interacción íntima, estas señales deben ser atendidas. 


También es importante reconocer la responsabilidad colectiva, ya que no  basta con reconocer que las violencias sexuales existen; es necesario transformar las condiciones que las hacen posibles, esto implica fortalecer una educación sexual integral que enseñe el consentimiento desde la autonomía, la igualdad y el respeto, y que permita identificar dinámicas de manipulación, coerción y abuso de poder desde edades tempranas, exigiendo a las instituciones que se establezcan rutas de atención, que sean accesibles, seguras y libres de revictimización para quienes han visto vulnerados sus derechos. 


Finalmente, como sociedad podemos empezar cuestionando las ideas que han sido impuestas sobre el deseo, el rechazo y las relaciones afectivas, podemos aprender a preguntar, a escuchar y a respetar los cambios de opinión, podemos enseñar que el consentimiento no se presume, no se exige y no se negocia bajo presión. También podemos reconocer que cambiar de opinión es válido, así podríamos aportar a la construcción de relaciones basadas en el respeto, el cuidado, contribuyendo a una sociedad donde las mujeres, niñas, niños y adolescentes no tengamos que justificar constantemente nuestros límites para que estos sean respetados, una sociedad donde el deseo no se interprete como obligación, donde el afecto no se confunda con disponibilidad y donde la autonomía no tenga que ser defendida una y otra vez. 


Fuentes consultadas:

Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Pilas con el consentimiento.

Segato, R. L. (2014). El sexo y la norma: frente estatal, patriarcado, desposesión y colonialidad.

Paula Camila Hernández Triana

Abogada | Defensora de derechos humanos y enfoque de género


Si alguna vez te has visto envuelta en una situación en la que tu consentimiento fue viciado o no fue respetado, recuerda que no estás sola. Existen diferentes recursos y rutas de acción en las que te puedes apoyar:


📱Línea 155 Orientación gratuita para mujeres víctimas de violencia basada en género.


👧Línea 141 del ICBF Atención y protección para niños, niñas y adolescentes.


⚖️ Línea 122 Fiscalía General de la Nación Recepción de denuncias por delitos sexuales y activación de rutas de protección.


🏛️Comisarías de Familia Atención en situaciones de violencia intrafamiliar y violencia basada en género.


🚨Línea 123 Atención en situaciones de emergencia.


Imagen generada mediante IA.

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