Una reflexión a la Ley del "Solo sí es sí" en España. El desafío del consentimiento.
Actualizado: 20 may
La trabajadora social y activista feminista Marta Sorlí reflexiona sobre la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual en España.
Almudena Cano Mérida
La Ley Orgánica 10/2022 de garantía integral de la libertad sexual —conocida como la ley del “solo sí es sí”— ha generado debate en cuanto a las implicaciones que ha tenido sobre las víctimas y los desafíos pendientes en cuanto a la lucha contra la violencia sexual.
Para conocer una opinión cercana, hablamos con Marta Sorlí Fresquet, trabajadora social, formadora y activista feminista, quien participó políticamente en el contexto en el que comenzó a elaborarse esta legislación.
A lo largo de la entrevista abordamos cuestiones como el consentimiento, las rebajas de penas, la revictimización y las consecuencias en las víctimas de la violencia sexual.
P: Para ponernos un poco en contexto, ¿cuál fue tu implicación en el momento en que comenzó a elaborarse esta ley?
R: Todas las leyes se trabajan mucho antes de que se aprueben públicamente. Cuando empezó a hablarse de una ley basada en el consentimiento sexual, que en principio se pretendía que fuese garantista para los derechos de las mujeres, yo estaba en el Parlamento español como diputada. Fue también la época en la que se aprobó el Pacto de Estado y se modificó la ley de la violencia de género para incluir la violencia vicaria a la legislación. Una de las leyes que en ese momento no llegó a aprobarse, pero ya estaba encima de la mesa, justamente era lo que después sería la ley del solo sí es sí.
Desde organizaciones feministas vinculadas a Compromís, un partido político valenciano, trabajamos una crítica constructiva a la ley porque ya vimos, desde los primeros borradores, que la horquilla de penas podía acabar beneficiando a agresores sexuales. Se trabajó mucho para intentar evitar esto, pero en aquel momento el gobierno entendió la crítica feminista como un ataque al partido más que como algo constructivo. Después se demostró que, como tantísimas otras veces, no es que las militantes feministas seamos unas locas, sino que igual estamos un poco más atentas a lo que afecta a los derechos de las mujeres.
P: ¿Cuál era el objetivo principal de esta ley cuando se planteó?
R: La intención inicial era poner el foco sobre la voluntad de la víctima y el consentimiento sexual. La idea era que toda relación no consentida se considerase agresión sexual, pero claro, esto realmente se ha tergiversado bastante. Por un lado, por la horquilla de penas que se estableció, que al considerarse todo como una agresión sexual hace que la horquilla inferior ahora abarque más delitos. Después, también ha acabado poniendo el foco en esa necesidad de las mujeres de demostrar que no querían. En lugar de un "solo sí es sí" ha acabado siendo un "pero, ¿dijiste no?".
Pero bueno, es cierto que en el Estado español se ha intentado entender que hay dos feminismos, el nuevo y el antiguo. Esto ha generado que en muchas ocasiones a las personas que llevan muchos años militando en el feminismo se las tache de antiguas o de conservadoras y no se atienda a demandas que son históricas en el movimiento. Al final todo esto viene de la sentencia de "la manada" con la intención de proteger a las víctimas, porque hay un juez que ve jolgorio y regocijo en varias violaciones en grupo. Entonces, realmente hay una cuestión de intentar poner en el centro la voluntad de la mujer de estar en esa supuesta relación sexual, si no quiere estar ahí es porque es violencia. La voluntad inicial, y sobre todo el planteamiento del movimiento feminista, fue proteger a las víctimas, pero esto queda desdibujado cuando se entiende que se puede consentir bajo situaciones de extrema pobreza, de extrema vulnerabilidad o situaciones en las que no es que haya un consentimiento, es que no hay otra opción. Esto no lo tiene en cuenta la ley.
P: Sobre la reducción de penas que comentabas, me gustaría profundizar un poco más en los detalles de ese cambio normativo.
R: Intento explicarlo de la manera más simple posible, aunque no soy jurista y hablo de memoria. En cualquier delito, las penas se mueven en "horquillas" (un mínimo y un máximo) que se gradúan según la gravedad: mitad inferior o mitad superior. Antes de la "Ley del Solo sí es sí", el sistema dividía el delito en dos bloques: abuso sexual y agresión sexual. El abuso tenía una horquilla más baja, pongamos de 0 a 4 años, y la agresión una más alta. Al unificarse, la horquilla se amplía y en lugar de tener dos bloques separados, tenemos uno solo mucho más grande. Sobre todo en las horquillas superiores, es donde se piden las bajadas de pena. Porque la horquilla primera era, por ejemplo, de 2 a 4 años y ahora es de 2 a 6 años. Con lo cual, la pena que ahora es de 6 años es lo que antes estaba en 8 años.
P: ¿Cómo interpretas tú este cambio y qué implicaciones tiene en la práctica?
R: A mí me preocupan mucho los mensajes sociales; la ley es tan importante en cuanto a contenido como en cuanto al mensaje que estamos mandando. Mi preocupación es que el mensaje es que agredir sexualmente a una mujer sale "barato". Antes teníamos una ley que, aunque no reconocía tanto a la víctima en su redactado, penalizaba más al agresor. Por lo tanto, el mensaje social anterior era que esto era un delito más grave que el que se manda ahora
P: Se ha hablado de que el eje del consentimiento desplaza la responsabilidad hacia la víctima, ¿cómo interpretas tú este concepto?
R: Este es un debate fundamental y complejo dentro del feminismo, en qué posición ponemos a las víctimas cuando hablamos de consentimiento. En esto, puede ser que si me oye alguna de las teóricas históricas no le parezca bien lo que diga, pero al final también tenemos, a lo largo del estudio y del posicionar, nuestras propias opiniones y yo creo que son sanas, siempre y cuando las podamos debatir de manera razonable. Si yo estoy equivocada, estaré encantadísima de debatirlo.
A mi parecer, el consentimiento en sí es un concepto que parte de una relación de poder. En el consentimiento no estamos hablando de tú a tú, sino de que una persona demanda y la otra acepta; hay una situación de desigualdad de partida. Estamos hablando de una ley que pretende poner a las víctimas en el centro, pero aún así se basa en una cuestión que sitúa a la víctima simplemente como objeto de deseo por parte del agresor y, por tanto, como parte aceptante pero no demandante ni deseante. Esto me parece muy peligroso, pues mantiene la estructura patriarcal en que los hombres son sujetos de deseo y las mujeres somos objetos sobre las que recae el deseo.
Si continuamos poniendo en el centro unas acciones que suponen que las mujeres no son autónomas para tomar sus propias decisiones, sino que tienen que esperar a aceptar comportamientos de solicitud por parte de los hombres, estamos manteniendo una estructura patriarcal tremendamente peligrosa y que no va a romper con la desigualdad existente ni con la violencia sexual.
P: También se ha hablado mucho sobre el encaje constitucional de esta ley. ¿Sabes si se han planteado dudas reales sobre su constitucionalidad o si se ha llegado a interponer algún recurso ante el Tribunal Constitucional?
R: Desconozco si hay un recurso, pero vamos, siempre que haya
un avance feminista hay un cuestionamiento constitucional.
Esto no significa que no se pueda resolver un recurso constitucional favorable incluso, porque bueno, vuelvo a poner el mismo ejemplo, en la sentencia de "la manada" hubo un juez que vio jolgorio y regocijo. Dónde está aquí para mí el debate real, en que continuamos pensando que el sexo es un derecho, y que es un derecho para los hombres, no para las mujeres. Esto la Constitución no lo avala, ni la española, ni que yo sepa la de ningún país. Entonces, el sexo es un deseo lícito y tienes derecho a cubrirlo si es que hay otra persona que está dispuesta a satisfacerlo, siempre y cuando eso no sea una vulneración directa de sus derechos fundamentales. Porque en las democracias modernas, por decirlo de alguna manera, los derechos fundamentales están por encima de los deseos.
P: En cuanto al impacto real en las víctimas, ¿Cómo crees que afecta todo este proceso a la confianza que tienen en la justicia?
R: La fiscal general de violencia contra la mujer hizo un estudio donde se muestra que el 100% de las mujeres que habían denunciado por violencia sexual, no lo volverían a hacer en el Estado español. Creo que después de esto poco vale la opinión que podamos tener individualmente sobre si la ley vale o no vale.
Creo que lo que tenemos que pensar es qué estamos haciendo, en qué estamos fallando. El 100% de las mujeres que denuncian violencia sexual en el año 2025-2026 se arrepienten de haberlo denunciado. Por tanto, tenemos un problema grave porque independientemente de las leyes que estemos promulgando, la realidad es que el sistema judicial español no protege a las mujeres, sino que las revictimiza. Entonces creo que para mí esta es la mejor respuesta a cómo creo que ha afectado esta ley y cualquier ley que influye a las mujeres. Las víctimas no quieren denunciar, no volverían a denunciar y no es una cuestión de que no sean valientes, Además, no podemos centrar el debate en la valentía de las mujeres. Han superado una situación de agresión sexual, no les podemos pedir ser súper mujeres, lo que tenemos que hacer es protegerlas.
P: ¿Crees que esta ley ha supuesto un avance o un retroceso en la lucha contra la violencia sexual?
R: Si a los hechos nos remitimos, no ha sido un avance real, aunque me gustaría que lo hubiese sido. Lo positivo es que abrió un debate necesario e hizo que cayeran muchas caretas de discursos que decían que nos iba a tocar firmar un contrato para tener relaciones sexuales. Sin embargo, no ha tenido un impacto positivo sobre las víctimas. ¿Qué puedo intuir que puede haber hecho este debate positivo? Pues que haya habido más mujeres que hayan reconocido su situación de víctimas o incluso hayan querido dar el paso de denunciar. Pero yo no creo que esto lo haga ninguna ley, yo creo que esto lo hace el movimiento feminista.
Como retroceso, destaco la bajada de las horquillas de penas y que no ha garantizado la protección o el reconocimiento de las víctimas. Continúa poniéndose el foco sobre su actitud y su manera de actuar. Tampoco ha conseguido que el sistema judicial sea más amable para las mujeres que denuncian.
Realmente me pregunto, ¿qué pasaría si hiciésemos la misma encuesta con víctimas de robos? ¿Qué pasaría si hiciésemos el mismo estudio con víctimas de accidentes de tráfico o asesinatos? Seguramente no te encontrarías con un 100% de víctimas que te dicen que no volverían a pasar por eso ni de casualidad, con la violencia sexual sí que nos lo encontramos y seguramente con la violencia de género también. Que justo los dos delitos que afectan específicamente a mujeres sean un viacrucis judicial, qué casualidad. Yo no creo mucho en las casualidades, entonces, lo único que puedo pensar es que lo que tenemos ahora mismo, la normativa y la estructura de la que nos hemos dotado, no está siendo útil.
P: Para terminar, y siguiendo esta línea, ¿qué lecciones crees tu que deberían aprender los legisladores para futuras reformas en materia de igualdad y de protección de las víctimas?
Para empezar, quitarnos la caspilla esta patriarcal de presuponer que las mujeres mienten cuando denuncian una agresión, cosa que no se presupone en ningún otro delito. La denuncia por agresión sexual no tiene, por desgracia, ningún tipo de repercusión social contra el agresor. El agresor continúa con su vida y la víctima acaba destrozada. Entonces, es difícil porque lo primero que necesitamos es un cambio de paradigma social, un cambio de entendimiento de la mirada pública que tenemos sobre las agresiones sexuales. Yo no conozco a ninguna mujer que se haya forrado denunciando a nadie, todo lo contrario. Cualquier ley que esté pensada desde el punto de vista de que las mujeres pueden estar teniendo un motivo espurio para denunciar. serán leyes fallidas.
También vemos cómo se sigue dando custodias compartidas a padres agresores de violencia de género. ¿Por qué? Porque luego llega un juez que interpreta que aquella situación de violencia fue puntual, que no es algo continuo, por ejemplo. Las leyes son interpretables y quien las aplica es el juez. Tenemos que aplicar el código penal igual para los delitos sexuales que lo hacemos para otros delitos. Pero sobre todo necesitamos hacer un cambio de paradigma porque no podemos plantear algo realmente proteccionista para las víctimas mientras continuemos pensando que el sexo es un derecho y no un deseo. Si los hombres no son capaces de tener una supuesta tentación delante y aguantarse, pues es que a lo mejor tampoco están preparados para gobernar el mundo. ¿Son esa figura racional absoluta o son un ser humano débil, incapaz de controlar sus propios impulsos? Últimamente con el caso Epstein, por ejemplo, está muy claro que las mismas personas que están gobernando el mundo están perpetuando violencia sexual, agrediendo a mujeres y a niñas. Entonces, igual no es falta de capacidad, igual es falta de voluntad, igual es que tienen la necesidad de mantener ese poder en cualquier entorno de su vida.
Tampoco se tiene en cuenta las consecuencias reales que este tipo de violencia tiene en las víctimas. Eso sería humanizar a las mujeres y, por tanto, considerarlas como sujetos de derecho. Si somos sujetos de derecho, no podemos ser objetos de deseo. Pero aquí está la trampa en las sociedades formalmente igualitarias donde parece que ya está todo hecho. Entonces, ¿cómo alegas públicamente que por mucho que constitucionalmente seamos iguales, pues bueno, sigue habiendo explotación sexual, sigue habiendo prostitución, sigue habiendo trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, sigue habiendo vientres de alquiler? ¿Cómo educas a una sociedad a tener una ley que respeta a las mujeres si te vas a la calle Montera de Madrid en pleno centro al lado de la Puerta del Sol y a partir de las 7 de la tarde están vendiendo mujeres en medio de la calle? Esto es extrapolable a cualquier país, pues más visible, menos visible, pero al final totalmente normalizado.
Yo creo que con el consentimiento el patriarcado nos ha ganado la partida y me da mucha rabia, pero es lo que hay. Para mí tenemos que dejar de hablar de consentimiento y tenemos que hablar de relaciones por consenso, porque estamos hablando de una situación de extrema intimidad, de una situación de extrema vulnerabilidad. Para mí el mensaje clave a transformar es este: las relaciones no tienen que ser consentidas, tienen que ser consensuadas y deseadas.
Tenemos que escuchar al movimiento feminista. El feminismo no dice lo que queramos que diga, es una teoría. Desde hace décadas las expertas, como Kate Millet en su libro Política Sexual, ya decía que la pornografía es violencia, que la prostitución es explotación sexual. En feminismo, no tenemos que inventar nada, tenemos que preguntar a quien está teorizando sobre feminismo y yo creo que la clave al final está ahí, dejarnos de creer que todo el mundo sabe de feminismo y atender a la genealogía que ya existe.
Almudena Cano Mérida
Graduada en Educación Social y estudiante del Máster en Prevención, Detección e
Intervención de la Violencia Sexual. Voluntaria de la Fundación Empodérame
Marta Sorlí Fresquet - Trabajadora social, Agente de igualdad, Máster en Derechos Humanos y Máster en Mediación Familiar, con formación complementaria en Derecho y más de 1.500 horas de especialización en materia de igualdad.
Si tú o alguien cercano ha sufrido violencia sexual recuerda que no estás sola, existen recursos gratuitos de apoyo en Colombia.
Desde la Fundación Empodérame ofrecemos atención psicosocial y jurídica gratuita para mujeres que han vivido situaciones de explotación sexual.
📞 Línea 155 – Atención a mujeres víctimas de violencia
📞 Línea 192 (opción 4) – Atención en salud mental
📞 Línea 106 – Apoyo psicológico
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