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Lecciones aprendidas de programas de salida para mujeres en la prostitución

17 ago
3 min de lectura
La Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, Reem Alsalem, publicó el documento de posición “Lecciones aprendidas de la aplicación de programas de salida para mujeres en la prostitución” (2024).

Claudia Yurley Quintero Rolón


El texto surge tras solicitudes de Estados miembros y recoge experiencias de organizaciones y supervivientes para responder una pregunta concreta: 


¿Cómo deben diseñarse los programas que apoyan a mujeres que desean abandonar la prostitución?


La importancia del documento radica en que no se limita a debatir si la prostitución es un problema social o una cuestión de elección individual. Su objetivo es práctico: mostrar qué medidas permiten realmente a las mujeres salir de situaciones de explotación y reconstruir sus vidas.


El documento parte de una premisa clara. La Relatora describe la prostitución como un sistema donde compradores de actos sexuales, proxenetas y terceros obtienen beneficios económicos, mientras muchas mujeres y niñas permanecen atrapadas por violencia, coerción y desigualdad estructural.


Desde esta perspectiva, abandonar la prostitución no depende únicamente de “tener voluntad”. Existen barreras individuales, económicas y sociales que dificultan la salida: pobreza, problemas de salud física y mental, adicciones, antecedentes de violencia, amenazas de proxenetas, estigma y falta de vivienda o empleo seguro.


Uno de los aportes más relevantes del documento es explicar cómo opera el control coercitivo. La Relatora describe mecanismos como dependencia económica, aislamiento, amenazas y vínculos traumáticos con los explotadores, conocidos como trauma bonding. Estos lazos pueden hacer que las víctimas permanezcan con quienes las dañan como estrategia de supervivencia, algo ampliamente documentado también en otras formas de violencia basada en género.


El texto también subraya que muchas mujeres en prostitución presentan síntomas asociados al trastorno de estrés postraumático complejo, incluyendo ansiedad severa, hipervigilancia, depresión y dificultades persistentes para confiar o relacionarse. La recuperación, sostiene la Relatora, exige primero seguridad, luego elaboración del trauma y finalmente reconstrucción personal y social.


¿Y cómo se aplicaría esto en la práctica?


El documento es explícito: un programa de salida no puede reducirse a un refugio temporal o un curso de empleo. Debe ser integral y sostenido. Esto implica vivienda segura, atención psicológica y médica especializada, apoyo jurídico, acompañamiento económico, educación y acceso progresivo a empleo digno.


Aplicado a políticas públicas, esto significaría que los Estados financien programas especializados a largo plazo y coordinen salud, justicia y servicios sociales para atender necesidades complejas. La Relatora recomienda además formación específica para funcionarios, financiación estable y medidas de protección que permitan a las mujeres recibir ayuda sin ser criminalizadas ni obligadas a denunciar para acceder a apoyo.


Otra propuesta central es incorporar a las supervivientes como parte del diseño y liderazgo de estos programas. Según el documento, las mujeres que han salido de la prostitución aportan conocimiento práctico y apoyo emocional que difícilmente puede reemplazarse desde fuera. Por eso, Naciones Unidas recomienda reconocerlas como expertas y remunerar adecuadamente su trabajo.


La enseñanza final del documento de Reem Alsalem es directa: salir de la prostitución no es simplemente irse. Es un proceso de recuperación, seguridad y reconstrucción de la autonomía. Y para que ese proceso sea posible, no basta con exigir resiliencia individual; se requieren políticas públicas, recursos sostenidos y sociedades capaces de asumir que la recuperación también es una responsabilidad colectiva.


Compartimos el documento con ustedes aquí


Claudia Yurley Quintero Rolón

Psicóloga y Especialista en Gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo. Defensora de derechos humanos de las mujeres y activista feminista abolicionista. Investigadora con experiencia en trata de personas y explotación sexual, con trabajo directo en intervención territorial, acompañamiento psicosocial y diseño de programas de salida para mujeres en contextos de prostitución. Ha participado en procesos de investigación aplicada y articulación institucional en salud pública y política social. 

Directora de la Fundación Empodérame.




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Supervivientes Reem Alsalem Sistema Prostitucional Programas Vivienda segura Servicios sociales




 
 
 

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