La reproducción de la mirada masculina en la pornografía "lésbica"
El Espectador entrevista a una sexóloga para explicar cómo la pornografía lésbica refuerza estereotipos sobre el placer, el cuerpo y las relaciones entre mujeres.
Almudena Cano Mérida
La discusión sobre la pornografía es un debate que lleva activo en el feminismo desde hace décadas, así como la lucha por la libertad sexual de las mujeres. Sin embargo, el sistema patriarcal parece ir adaptándose a los avances del feminismo para, de alguna manera, ofrecernos un discurso opresor cargado de "libertad". ¿Nos sentimos las mujeres identificadas en las "relaciones sexuales" que nos muestra la pornografía? ¿Es posible crear "pornografía feminista" teniendo en cuenta los patrones sexuales en los que nos hemos educado?
Ante estos interrogantes, Mónica Alario, filósofa española y experta en violencia sexual, en su libro Política sexual de la pornografía nos dice que:
"El problema de la pornografía no es que no haya suficiente variedad: es que colabora en la reproducción de la violencia contra mujeres y niñas, y para acabar con esa violencia, hay que acabar con la pornografía" La entrevista en El Espectador a la psicóloga y sexóloga Erika Pinzón, ofrece una visión sobre cómo la propia sexualidad entre mujeres es construida y reproducida en la pornografía "lésbica" para satisfacer el deseo masculino. Este escenario nos invita a reflexionar sobre cómo la industria del "sexo" permea en nuestro imaginario social para mostrar una distorsión de la sexualidad y cómo, según distintas críticas feministas, contribuye a la normalización y legitimación de la violencia sexual contra las mujeres y las niñas.
Luisa Lara
El Espectador
Según experta, el problema de la representación en el porno lésbico no está solo en el fetiche, sino que empobrece la representación de la sexualidad entre mujeres
Hablar de pornografía lésbica también implica reconocer la distancia entre los guiones de estas producciones y las experiencias reales de las mujeres que aman a otras mujeres. La razón por la que este tema vuelve al centro de la conversación está en los datos. El resumen anual de Pornhub, la página web de este contenido más grande del mundo, señaló que el porno lésbico estuvo entre las categorías más vistas en 2025. Búsquedas como “tijera lésbica” aumentaron un 79 %, “MILF lésbica” un 129 % y “lesbiana con arnés” un 62 %.
Entonces surge una pregunta: ¿este tipo de pornografía alcanza esos niveles de popularidad porque responde a los intereses y experiencias de las mujeres, o porque se produce desde una mirada masculina que prioriza lo que muchos hombres consideran “atractivo”?
Sin mayores rodeos, la psicóloga y sexóloga Erika Pinzón Benavides, directora de Helpfi Psicología, considera que esta tendencia responde sobre todo a un consumo marcado por el interés masculino. “Responde más a una estimulación rápida y visual, centrada en el morbo, que reduce la sexualidad entre mujeres a un espectáculo y no a un encuentro entre ellas”, comenta en entrevista con El Espectador.
Y justamente esa reflexión de la experta se relaciona con un concepto más amplio, conocido como male gaze o “mirada masculina”. La teórica feminista británica Laura Mulvey propuso este término en 1973 para explicar cómo el cine suele mostrar a las mujeres desde una perspectiva que las convierte en objetos de deseo, presentadas para ser observadas y evaluadas por los hombres.
Con el tiempo, esta idea dejó de limitarse al cine y comenzó a aplicarse a otras formas de representación, como la literatura, la publicidad y hasta la pornografía. En el porno lésbico, esa lógica también aparece. Las posiciones, los ángulos de cámara, las imágenes que se priorizan y hasta la disposición de los cuerpos suelen organizarse para mantener ciertos planos y resaltar partes específicas del cuerpo, que responden a los intereses del consumo masculino.
Según la experta, el problema de la representación en el porno lésbico no está solo en el fetiche en sí, sino en que empobrece la representación de la sexualidad entre mujeres. Uno de los clichés más conocidos es la posición de las “tijeras”, una práctica sexual documentada desde la antigua Grecia bajo el nombre de tribadismo, que hace referencia al frote entre vulvas.
En la pornografía comercial aparece con frecuencia porque es altamente visual y permite que la cámara capture ambos cuerpos al mismo tiempo. Sin embargo, muchas mujeres señalan que en la práctica esta posición es poco común, difícil de ejecutar o menos placentera que otras formas de estimulación, que suelen ser menos “cinematográficas”, pero funcionan mejor en sus encuentros.
Este tipo de representaciones también se conecta con la tendencia de interpretar las relaciones LGBTIQ+ a partir de modelos heterosexuales. Como el sexo entre mujeres y hombres suele reducirse erróneamente a la penetración vaginal, se asume que el de los hombres gais se centra en el sexo anal y que el de las lesbianas se limita al sexo oral o al uso de juguetes para la penetración. Aunque estas prácticas pueden existir, las experiencias sexuales entre mujeres suelen ser mucho más diversas.
“Un mito de la pornografía es que el sexo entre mujeres se limita al uso de juguetes, cuando en realidad incluye muchos más elementos: las manos, la boca, las caricias, la respiración, los masajes y formas de placer que no siempre son genitales. El deseo sexual femenino es mucho más complejo”, explica Pinzón.
A su juicio, el porno suele dejar por fuera otras formas de contacto físico más sutiles, afectivas o sensoriales que también forman parte de estos encuentros, y en cambio refuerza una idea simplificada del sexo como algo rápido y centrado únicamente en la estimulación genital.
A esto se suma otro elemento frecuente en estas producciones. Las mujeres que protagonizan estas escenas suelen responder a un mismo tipo de imagen: cuerpos feminizados e hipersexualizados. Este patrón deja por fuera la diversidad de cuerpos y expresiones de género que también forman parte de las relaciones queer, como las mujeres con expresiones más masculinas.
Justamente esa acumulación de clichés y la falta de realismo pueden actuar como una barrera de identificación para la audiencia queer. Para muchas mujeres que tienen relaciones con otras mujeres, estas escenas no se perciben como un encuentro erótico, sino como situaciones incómodas o poco creíbles.
Ante este panorama se suma el elemento del uso de la pornografía como una fuente de información para muchas personas LGBTIQ+. “Esta población ha crecido muchas veces en silencio, con vergüenza y con poca educación sexual, o con una educación sexual restrictiva. De alguna manera, el porno termina convirtiéndose en su aprendizaje, en su biblioteca”, explica la experta.
Sin embargo, para Pinzón esto puede convertirse en un problema, ya que muchas personas comienzan a ver pornografía desde la adolescencia y, a partir de allí, construyen guiones sexuales rígidos que presentan el sexo como algo rápido, visual e intenso, sin espacio para la comunicación, el consentimiento, las inseguridades o las pausas. Esto puede generar expectativas poco realistas sobre el placer, los cuerpos y la forma en que deberían vivirse las relaciones sexuales. Incluso, puede afectar la autoestima y la manera en que las personas validan su propio cuerpo y entienden la sexualidad.
También señala que este tipo de contenidos estimula la búsqueda de gratificación inmediata. Esto significa que el cerebro puede acostumbrarse a ese tipo de estímulo rápido, lo que en algunos casos puede derivar en dificultades sexuales. Todo esto ocurre en plataformas que, video tras video, reproducen estereotipos que reducen a las mujeres a objetos de placer e incluso normalizan violencias sexuales. Por eso, cuando la pornografía se convierte en la única referencia, se dificulta explorar otras dimensiones del encuentro.
¿Por qué el porno lésbico también es popular entre mujeres?
Las mujeres también se encuentran entre quienes más consumen porno lésbico. Según los datos del informe anual de Pornhub, esta categoría ocupa el primer lugar entre las usuarias, mientras que entre los hombres aparece en el sexto puesto.
Algunas mujeres han interpretado esta preferencia como una señal de atracción hacia otras mujeres. Sin embargo, estudios como uno realizado por investigadores de la Universidad de Essex, en Reino Unido y retomado por el diario El País, sugieren otra explicación. Muchas mujeres heterosexuales reportan mayor excitación al ver a otras mujeres en situaciones eróticas, en parte porque perciben este tipo de contenido como menos agresivo que el porno heterosexual.
También se plantea que, al no haber una figura masculina “dominante”, algunas espectadoras perciben estas representaciones como menos jerárquicas y con mayor atención a las sensaciones y al cuerpo de la mujer. Para parte de la audiencia femenina, esto puede resultar más fácil de seguir o de imaginar dentro de sus propias experiencias eróticas.
Otro aspecto que rara vez aparece en estas representaciones: la protección y la salud sexual
Justamente, esa falta de educación sexual integral dirigida hacía la población LGBTIQ+, implica que no hay tanta información sobre los riesgos y métodos de protección. “En el porno entre mujeres casi nunca se muestra el uso de protección, ni siquiera con juguetes. Tampoco aparecen elementos como las láminas de látex para el sexo oral o la higiene de los juguetes. Es como si no se necesitara protección frente a las infecciones de transmisión sexual entre mujeres”, explica Pinzón.
En la práctica, en cambio, se recomienda el uso de guantes o fundas de látex para los dedos; láminas de este mismo material para poner sobre la vagina; condones femeninos como el diafragma y preservativos en juguetes compartidos para reducir el riesgo de infecciones de transmisión sexual. La ausencia de estas prácticas en el imaginario pornográfico puede reforzar la idea equivocada de que el sexo entre mujeres no implica riesgos para la salud sexual.
Luisa Lara
Comunicadora social con énfasis en periodismo. Tiene estudios de género y diversidad en el Knight Center for Journalism. Interesada en contar historias con una perspectiva interseccional y feminista.
El Espectador
Periódico colombiano de circulación nacional
Fuente: El Espectador
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