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Identidad y representación política

5 jun
3 min de lectura

Las elecciones son también un reflejo político. No solo muestran quién gana o quién pierde; revelan qué discursos logran construir mayorías y cuáles terminan hablando solos.

Claudia Yurley Quintero Rolón


En distintos países y también en Colombia viene creciendo un debate difícil dentro de sectores progresistas y es sobre el lugar que ocupa la política identitaria y sus efectos sobre los procesos colectivos y electorales.


Hablar de identidad no es problemático. Las luchas contra el racismo, la violencia contra las personas LGBT, la exclusión de pueblos indígenas o la discriminación han sido necesarias y han permitido nombrar injusticias históricas durante décadas invisibilizadas. Negar esas realidades sería intelectualmente deshonesto.


El problema aparece cuando la identidad deja de ser una dimensión de la política y ciertas formas de autorreconocimiento o validación simbólica comienzan a desplazar la construcción de agendas materiales y horizontes compartidos.


En algunos sectores del progresismo parece haberse consolidado una lógica donde la representación simbólica y las disputas por reconocimiento adquieren un peso creciente. Allí aparece también el tokenismo: formas de inclusión principalmente simbólicas donde la presencia de personas pertenecientes a grupos históricamente excluidos funciona como prueba suficiente de diversidad o justicia, sin transformaciones reales en las condiciones materiales o en la distribución del poder.


El riesgo de ese desplazamiento es la fragmentación. Las luchas comienzan a jerarquizarse y la construcción de proyectos colectivos amplios se vuelve más difícil.


Este debate no es exclusivamente colombiano. En distintos escenarios políticos se observa una tensión entre agendas centradas en reconocimiento y sectores preocupados por empleo, seguridad, costo de vida, vivienda o deterioro institucional. Muchos ciudadanos no rechazan las agendas de derechos; perciben, más bien, que parte de la dirigencia progresista habla más de disputas simbólicas que de condiciones materiales.


Ese distanciamiento tiene consecuencias electorales.


En Colombia, por ejemplo, alrededor de la prostitución coexisten perspectivas profundamente distintas. La mayoría de mujeres en prostitución requieren procesos reales de salida y alternativas materiales. Sin embargo, sectores minoritarios que se identifican como “trabajadoras sexuales” priorizan el reconocimiento de esa identidad y cuestionan políticas de salida. Más allá de este debate particular, la pregunta sigue siendo relevante: ¿qué ocurre cuando los marcos identitarios dificultan consensos amplios sobre protección y derechos materiales?


Esto no significa abandonar las luchas indígenas, negras o de diversidad sexual. Tampoco aplica del mismo modo a todas las agendas. El feminismo, por ejemplo, no representa una minoría poblacional; las mujeres constituyen aproximadamente la mitad de la sociedad. La discusión no es entre derechos y mayorías, sino sobre la capacidad de articular proyectos comunes.


La izquierda históricamente logró articular diferencias alrededor de horizontes compartidos como justicia social y derechos colectivos. Esa capacidad permitió construir movimientos amplios capaces de disputar poder.


La pregunta electoral para el progresismo es difícil pero necesaria: ¿están construyendo proyectos capaces de convocar a la sociedad en su conjunto o discursos que representan identidades específicas pero encuentran crecientes dificultades para construir mayorías?


Las elecciones terminan resolviendo una pregunta incómoda: no solo quién tiene la razón moral, sino quién logra construir un “nosotros político” suficientemente amplio para gobernar. La seguridad, por ejemplo, moviliza porque la criminalidad, el feminicidio, la extorsión y la impunidad preocupan transversalmente a la sociedad.


Claudia Yurley Quintero Rolón 

Psicóloga y Especialista en Gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo. Defensora de derechos humanos de las mujeres y activista feminista abolicionista. Investigadora con experiencia en trata de personas y explotación sexual, con trabajo directo en intervención territorial, acompañamiento psicosocial y diseño de programas de salida para mujeres en contextos de prostitución. Ha participado en procesos de investigación aplicada y articulación institucional en salud pública y política social. 

Directora de la Fundación Empodérame.


Si tú o alguien que conoces está viviendo una situación de explotación sexual, recuerda que no estás sola, existen recursos gratuitos de apoyo en Colombia.


Desde la Fundación Empodérame ofrecemos atención psicosocial y jurídica gratuita para mujeres que han vivido situaciones de explotación sexual.


📞 Línea 155 – Atención a mujeres víctimas de violencia

📞 Línea 192 (opción 4) – Atención en salud mental

📞 Línea 106 – Apoyo psicológico


Imagen generada mediante Inteligencia Artificial

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