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El cuerpo, un campo de batalla con la violencia estética.

  • 15 jul
  • 4 min de lectura

La presión por encajar en determinados estándares de belleza continúa siendo una forma de violencia contra el cuerpo de las mujeres. En esta reflexión se ofrece una mirada hacia la influencia de la violencia simbólica y estética sobre el cuerpo de las mujeres, su salud y sexualidad.

Almudena Cano Mérida


La violencia basada en género se mantiene presente en todas las esferas de la vida de las mujeres. Una de las violencias simbólicas que se ejerce contra las mujeres es la violencia estética, entendiendo el concepto de violencia simbólica según el desarrollo de Bourdieu como una forma de imposición de significados y categorías aceptadas como legítimas, sin necesidad de hacer uso explícito de fuerza.


Nuestro cuerpo sufre numerosas violencias que giran en torno a la sexualidad, desde el miedo que se instaura por el riesgo a ser violadas hasta la adaptación que realizamos sobre nuestro cuerpo para ser deseadas y aceptadas.


Ante este escenario, tanto cumplir con los estándares de belleza como resistir a ellos supone estar en una continua disputa sobre tu cuerpo. La perfección sigue siendo un ideal soñado y cada vez más accesible gracias al desarrollo y avance tecnológico. A pesar de las múltiples y graves consecuencias que genera la violencia estética en la salud, es tan aceptada socialmente que en ocasiones incluso se puede llegar a considerar como una solución a ciertos malestares emocionales.


En Reporte Índigo, explican cuatro bases fundamentales sobre las que se sostiene este tipo de violencia, mayoritariamente contra las mujeres, basada en generar unos estándares de belleza cada vez más globalizados.




Entre las posibles consecuencias que puede generar esta violencia, según Reporte Índigo, están las psicológicas o emocionales. Si una de las principales consecuencias de esta violencia son las afectaciones psicológicas y emocionales, se cuestionaría la idea de que modificar el cuerpo mediante procedimientos estéticos constituye una solución para mejorar el bienestar psicológico.



La imposición de determinados comportamientos forma parte de nuestra socialización basada en el género. Entre la normativa social que define nuestro rol se encuentra el uso de ciertos accesorios que supuestamente mejoran nuestra figura, a pesar de ser perjudiciales para nuestra salud. En Reporte Índigo hacen referencia al uso de tacones como uno de estos símbolos a destacar entre la violencia estética contra las mujeres.



Tras este análisis, cabe preguntarse con qué intención las mujeres llegamos a someter nuestro cuerpo para alcanzar un ideal femenino. Un estudio de Adriana Rodríguez y Mercedes Ruiseñor publicado en la Revista Internacional de Estudios Feministas, relacionan la hipersexualización del cuerpo de las mujeres y la violencia simbólica que se desarrolla en Instagram. Para definir el concepto de hipersexualización del cuerpo de las mujeres explican que:

"este fenómeno se refiere a la representación reiterada y exagerada de atributos sexuales en cuerpos femeninos, convertidos en referentes normativos de belleza, erotismo y valor social. Estas representaciones no solo responden a una lógica mercantil y patriarcal, sino que además condicionan la percepción del cuerpo propio, generando efectos en la identidad, la autoestima y la vivencia de la sexualidad de las mujeres jóvenes."

Atendiendo a esta definición, la hipersexualización puede entenderse como una manifestación relacionada con la violencia estética del cuerpo con el fin, entre otras cosas, de ser deseadas sexualmente. Entre los mensajes que se construyen en el imaginario social, se podría pensar que una mujer debe preocuparse principalmente por la atracción sexual que genera, reduciendo a las mujeres a un cuerpo con atributos sexuales. En este sentido, las investigadoras definen esta idea como la cosificación del cuerpo de las mujeres, que se refiere a:

"una forma de violencia simbólica que opera al reducir a las mujeres a objetos de consumo, placer o valoración estética, negando su subjetividad, autonomía y complejidad."

Entre los hallazgos encontrados en la investigación, señalan la autocosificación:

"al mostrar cómo las mujeres internalizan la mirada externa y convierten su cuerpo en objeto de vigilancia constante. Esta mirada interiorizada genera ansiedad corporal, inseguridad, y en algunos casos, la adopción de prácticas alimentarias restrictivas, confirmando el impacto emocional profundo que puede tener la exposición prolongada a estas dinámicas."

En este sentido, la violencia estética no solo impone un ideal de belleza prácticamente inalcanzable, sino que también condiciona la forma en que se construye la relación con el propio cuerpo. Desde el momento en el que se considera que una parte del cuerpo no encaja con la imagen que se desea sobre nosotras, estaríamos vinculando nuestra apariencia física con nuestro valor social, y por lo tanto convirtiendo el cuerpo en un objeto permanente que requiere ser evaluado, corregido y vigilado.


Fuentes:



Rodríguez Barraza, Adriana y Ruiseñor Acosta, Mercedes (2026). Hipersexualización y violencia simbólica en Instagram: una mirada desde la experiencia de mujeres jóvenes. Atlánticas. Revista Internacional de Estudios Feministas, 11(1), 2-23.




Almudena Cano Mérida

Graduada en Educación Social y estudiante del Máster en Prevención, Detección e Intervención de la Violencia Sexual. Voluntaria de la Fundación Empodérame..


Cumplir con determinados estándares de belleza puede afectar tu bienestar, recuerda que no estás sola. Si necesitas apoyo, en Colombia existen servicios gratuitos de orientación y atención:


📞 Línea 155 – Orientación para mujeres víctimas de violencias basadas en género.

📞 Línea 192 (opción 4) – Atención en salud mental.

📞 Línea 106 – Apoyo psicológico (disponible en muchos municipios y departamentos).


Imágenes generadas mediante IA.

Esta nota se difunde por razones de derechos humanos.

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